Ten cuidado de cómo te tratas. Tu mentalidad determina tu realidad.
Lo que te dices a ti mismo/a condiciona cómo te sientes y cómo te sientes exponencialmente incide en toda tu vida.
¿Quieres saber cómo funciona y sobre todo, cómo mejorar ese diálogo para tu beneficio? Sigue leyendo…
Todo va de química.
Absolutamente todo lo que pensamos, hacemos y sentimos tiene un impacto químico en nuestro cuerpo.
A veces puede ser tan abrumador que somos capaces de sentirlo o asociarlo de inmediato, a veces no es tan obvio y nos cuesta ver más de dónde han venido los malestares o los desequilibrios que nos están aquejando, pero todo inicia con un estímulo y la lectura de ese estímulo que hace nuestro ser.
Ese estímulo produce una química interior que luego afecta nuestra velocidad y claridad de pensamiento, nuestras reacciones, nuestro apetito, la manera en la que nos expresamos, la manera en la que dormimos, nuestra digestión y muchísimo más.
Los estímulos externos la mayoría de las veces no los podemos controlar y solo podemos con un poco de esfuerzo y entrenamiento actuar en función de los estímulos internos, que vienen nada más y nada menos que causados por nuestro propio pensamiento y diálogo interior.
¿Qué te dices a ti mismo/a?
Muchos de los problemas que nos aquejan tienen un punto de partida y es la falta de amor propio. Que viene causado, o más bien alimentado, por a todas las presiones externas. Nuestra propia autoexigencia nos lleva muchas veces a tratarnos con demasiada dureza. Sin darnos cuenta, muchas veces, que nos hablamos como si fuéramos nuestro peor enemigo.
Tu cuerpo se comporta de una manera diferente cuando estás siendo duro y exigente contigo mismo/a que cuando te estás hablando con comprensión, compasión y amabilidad. La ciencia ha logrado demostrar que la auto amabilidad beneficia el bienestar, la capacidad de aprendizaje, la memoria y la calidad del sueño.
El cerebro detecta cuándo nos estamos tratando con mimo o cuándo lo hacemos con dureza. Recordemos que cuando sentimos una emoción, se despierta el sistema endocrino, segregando hormonas. Si la emoción es negativa, se dispara el cortisol (conocido como la hormona del estrés). Si la emoción es positiva, se segrega oxitocina, involucrada en las emociones placenteras, activándose zonas del cerebro relacionadas con el bienestar».
Cuando hablas de ti con respeto, aceptación y compasión, las hormonas del bienestar entran en acción, y en consecuencia tu cuerpo y sus procesos pueden permanecer equilibrados o favorecidos. Pero cuando te criticas severamente, se activan las zonas que tradicionalmente se relacionan con el dolor físico y con el peligro. No es de extrañar entonces que todo el cuerpo se resienta, porque se siente amenazado y atacado, nada más y nada menos que por él mismo.
Por eso, si quieres mejorar tu estado de ánimo, y tu bienestar general, es necesario que aprendas a ser amable contigo mismo/a.
La compasión hacia uno mismo/a es un concepto que surgió por primera vez en la religión budista. Para ser amable con nosotros/as mismos/as podemos empezar por copiar el tono y la generosidad con la que tratarías a un amigo cercano, en lugar de caer en autocríticas que realmente no llevan a nada.
Cómo mejorar tu realidad
La base para mejorar entonces tu realidad, se trata de algo muy esencial y básico que todos nos deberíamos entrenar para poder hacer. Porque irónicamente, no se trata de algo instintivo, sino más bien de una práctica consciente, algo que se aprende y que requiere ejercitar continuamente hasta que se vuelve algo natural de hacer: Ser amables con nosotros/as mismos/as.
La auto amabilidad, también conocida como self-kindness es la práctica de tratarse a uno/a mismo/a de forma amable y bondadosa. Mantener una actitud comprensiva, sin criticar y permaneciendo libre de juicios. Lo que suena muy sencillo y parece intuitivo, hasta que vienen momentos difíciles. Entonces, mantener la neutralidad y la mirada amable, se vuelve bastante más difícil de sostener. La auto amabilidad implica poder tratarse con comprensión, cariño y apoyo ante la adversidad, en lugar de criticarnos, enfadarnos con nosotros/as mismos/as y machacarnos por cada fallo, limitación o problema.
En esas ocasiones, la auto-amabilidad supone aceptar que somos imperfectos, cometemos errores, no siempre conseguimos lo que queremos y nos enfrentamos con frecuencia a eventos que nos provocan frustración y sufrimiento.
La auto-amabilidad no se trata de ser indulgente o complaciente con uno mismo/a. Sino más bien reconocer en nosotros/as con honestidad y sinceridad, la propia humanidad, con todas sus imperfecciones y vulnerabilidades.
No es una señal de debilidad. Sino todo lo contrario, ser amable contigo mismo/a demuestra fortaleza y madurez emocional. Es elegir un camino de comprensión, en lugar de caer en patrones autodestructivos o de auto-sabotaje.
La auto-amabilidad no significa ignorar o evitar responsabilidades. Se trata de enfrentar los desafíos con una mentalidad compasiva, dándonos la oportunidad de aprender, crecer y, si fuera necesario, corregir el rumbo sin caer en la autocrítica destructiva.
La opinión más valiosa es la tuya
Tal vez no venimos equipados de serie para ser nuestros mejores aliados/amigos pero si para creernos incondicionalmente. Y es que da igual cuántas personas te digan que eres inteligente, si dentro de ti te repites que no te lo crees y que no lo eres, todo lo demás es ruido de fondo y tu realidad se transforma en eso que te dices. Y de acuerdo a esa realidad, puedes experimentar toda la ansiedad, los nervios, las dudas y hasta las malas decisiones de alguien que se sabe/siente como que no es inteligente, que es un impostor, que no puede aspirar a aprender o hacer determinadas cosas, o incluso que no le den responsabilidades porque no se sentirá capaz de asumirlas.
Vemos entonces que no es tan fácil lo de mantener el diálogo amable y tratarse con compasión, entonces.
¿Cómo puedo desarrollar la capacidad de ser amable conmigo mismo/a?
Pregúntate a ti mismo/a…
¿Si esto le pasara a un amigo/a tuyo le hablarías así? ¿Ya has respondido? Pues sé consecuente.
Cuando te des cuenta que te estás juzgado, pregúntate: ¿Porque me trato peor a mi mismo/a que al resto de personas? ¿Qué me diferencia?
Comprométete a observar tus diálogos
Suele pasar cuando nos adentramos en la intimidad de hablarnos a nosotros/as mismos/as, que al principio no hay respuestas. Y es probablemente porque estamos tan acostumbrados a no escucharnos, que esa parte de nosotros/as sencillamente se calla, se acostumbra a funcionar en silencio.
Además, si normalmente nos hablamos/contestamos con mucha dureza, es normal que no quieras hablar contigo. Entonces, cuando empieces a hablarle, no esperes que te suelte todo a la primera, seguramente no lo hará, pero escúchale.
La única manera de estimular que esas respuestas lleguen es dándoles un margen de tiempo, espacio y atención. Si te comprometes a escucharte, cada vez se te irá haciendo más sencillo y cada vez esa parte de ti mismo/a estará más dispuesta a hablarte.
Déjate en paz
En el espíritu de alinearnos al no juzgar y a tratarnos como trataríamos a otros/as. Te invito a usar este mantra cada vez que te des cuenta que estás siendo duro contigo mismo/a: “me dejo en paz” independientemente de lo que se trate o si tenias razón o no, si te equivocaste o no… da igual. Date ese espacio y la posibilidad de no criticarte.
Espero que algunas de estas reflexiones te ayuden a ir haciendo tu diálogo interior más beneficioso, ya sabes que es algo que se entrena y espero que no seas muy duro contigo mismo/a si ves que hay días en los que no lo logras. Recuerda que aquí me tienes si quieres comentarme como te está funcionando o si ves que se te hace muy cuesta arriba y quieres que te acompañe a subir esa cuesta, te apuntes para una sesión de valoración.






