Egoismo

Pensar en uno/a mismo/a y priorizarse a uno/a mismo/a… ¿Es un acto de egoísmo? 

En muchas ocasiones pensar en uno/a mismo/a es entendido como un signo de egoísmo o de egocentrismo.

¡Sólo piensas en ti misma/o! ¿Cuántas veces hemos oído esta expresión? Te aseguro que cada vez, ha sido con un contexto negativo y por eso lo tenemos catalogado como algo malo, o casi terrible. Algo a evitar a toda costa, pero no solo “actuar egoístamente” sino que sea evidente o visible y que nos lo puedan reclamar. Porque además, ejercer el “egoísmo” se le pone una connotación deplorable, es algo reprochable y generalmente no se asocia con nada positivo, algo deseable o por lo que estar orgullosos/as. 

Tal vez deberíamos renombrar, redefinir o quizás, reeducarnos en el cómo entendemos o percibimos el término egoísmo, porque son muchas las personas a las que tan solo pensar en ellas mismas/os les genera un conflicto interior y un malestar tremendo, haciéndoles aparecer emociones como la culpa o la vergüenza por priorizarse.

Es nuestra forma de ser, que hemos ido construyendo desde la infancia, lo que provoca en nosotros/as casi inconscientemente que seamos más generosos o egoístas. Estas características personales influyen y condicionan la manera en que nos comportamos y la manera en la que nos vinculamos con los demás. 

La carga de ser siempre “el bueno”

Es un concepto del que poco se ha hablado pero que últimamente va cobrando cada vez más fuerza. Son muchas las personas que acaban enfermando físicamente o buscando apoyo para recuperar su salud mental, cuyo factor en común es, ser siempre los buenos de la partida y jamás quedar como «egoístas»

Incluso se han realizado estudios en los que se ha enlazado esta tendencia, con el desarrollo de síntomas similares a los del estrés post traumático, del burn-out o cuadros de ansiedad extremos y crónicos. Porque genera una serie de consecuencias que va más allá de los síntomas aislados, sino que involucra también la gestión continuada de emociones como la culpa y el deterioro de las relaciones personales.

Existen personas que se creen responsables de los problemas de los demás, de cómo piensan, se sienten y actúan. Que se “obsesionan” en solucionarles los problemas, hacerles sentir mejor, o hacerles todo más fácil. En esa tendencia por ayudar al prójimo se esconde el querer sentirse útil para afianzar el afecto o su lugar en la relación. 

Actuar así, denota falta de confianza en uno mismo y de amor propio, pero además  promueve una actitud de sacrificio que acabará agotándole y que transformará ese vínculo, y le dará un rol que cada vez se volverá más difícil de sostener y menos agradable de vivir. Porque la otra persona se apoyará siempre en la que se “sacrifica” y lo que un día es una decisión, pronto se transforma en una obligación. Un pozo del que siempre se saca y en el que nunca se agrega y que acaba por causar heridas como de resentimiento tarde o temprano.

La clave está en el balance

Hay muchas maneras de actuar con lo que algunos entienden como egoísmo. Diría que todas, o casi todas esas formas, son prácticas que probablemente cuando inicies un proceso terapéutico, vas a comenzar a ejercer más conscientemente, porque en realidad, lejos de ser conductas incorrectas, poco éticas, inmorales, injustas o desagradables, como tal vez nos han venido enseñando a veces son lo mejor para ti y constituyen una forma de autocuidado, auto preservación y amor propio. 

Seguramente ya te habrás dado cuenta, al menos en nuestra sociedad/cultura, nos educan para promover el servir, complacer, ser útiles, no molestar, no ocupar espacio. En definitiva, dejarte a ti para el final… ceder, ayudar, evitar el malestar, que no se sienta mal por ti, callarte, no quejarte, no opinar, evitar el conflicto, son solo algunos de esos hábitos que ejercemos en automático, sin tan siquiera pensar que en realidad lo que estamos haciendo es creando y acumulando malestares, haciéndonos daño a nuestro cuerpo y nuestra mente.

Porque al hacerlo estamos acumulando emociones como la frustración, estrés y rabia. Nos olvidamos de que el cuerpo es el campo  que recibe todas nuestras emociones, y actuar siempre pensando en el otro/a y desconectados de nosotros/as mismas/os desequilibra y perjudica nuestro bienestar. 

Ayudar a los demás y contar con la capacidad de pensar en el otro/a en determinadas ocasiones es inevitable y contribuye al bienestar general. Sin embargo, esto ha de ser compartido, recíproco y en situaciones concretas. Cuando es una tendencia y siempre es la misma persona la que cede, la que apoya y la que ayuda… asumiendo toda la carga y la responsabilidad, entonces se transforma en un problema.

En estos casos, no sería egoísta al intentar que las cosas cambiaran; ya que, por encima de la entrega está nuestro bienestar personal y emocional. Dar más de lo que recibimos puede causarnos malestar y sobrecarga personal e incapacidad para identificar las necesidades propias.

Priorizarse y ser egoísta a veces, es Necesario

Aunque muchas veces nos genere un bienestar, tranquilidad, satisfacción o calma el ayudar y estar por los demás, no debemos perder de vista que también es muy beneficioso estar bien con nosotros/as mismos/as y que la responsabilidad en el autocuidado y bienestar personal es fundamental para la salud individual y de nuestras relaciones personales.

Pensar en uno/a, es también pensar en los otros/as; es confiar en los demás, en la calidad afectiva de los vínculos que nos unen a las otras personas. Es reconocer la capacidad de dar y recibir propia y compartida.

Cuando dejamos de decidir y actuar en función de lo que beneficia a los otros/as, y comenzamos a compensar y ser más equitativos… comenzamos a recuperar nuestro poder, nuestro tiempo, nuestra energía y nuestra libertad. Empezamos a permitir que se llene también ese pozo que luego nos permitirá ayudar y ayudarnos.

Espero que este artículo haya contribuido a que veas con mejores ojos el actuar egoístamente y que te sientas más en libertad y en paz con practicarlo. 

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En resumen… Aprender más de ti para vivir mejor.

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