Comprenderla en lugar de temerla
Hoy vengo a reflexionar sobre una de esas experiencias incómodas que todos tenemos, en mayor o menor medida….con distintas frecuencias, constancia o resultado; todos la hemos sentido alguna vez. Pero tiene tan mala reputación, está tan mal vista que nos cuesta muchísimo reconocerla, contemplarla o trabajar conscientemente en función de ella.
No creo que a nadie le guste la sensación que le genera la envidia, ni mucho menos darnos cuenta que “estamos siendo envidiosos”. Pero en el fondo todos pasamos por ahí, aunque podamos sentir vergüenza.
Pero entonces, si tiene un componente natural e incluso puede llegar a ser beneficiosa ¿por qué la ocultamos? ¿la negamos? ¿la disfrazamos?
¿Por qué no, en cambio, tomamos eso que estamos sintiendo, lo diseccionamos para poder gestionarlo mejor y si es posible sacarle provecho?
La Envidia como Brújula: Comprenderla en Lugar de Temerla
La envidia como una señal interna
Vamos a comenzar por quitarle el gran adjetivo que suele acompañarla; es de “La Envidia es Mala” porque no es así.
La envidia suele generar incomodidad porque nos confronta con lo que deseamos pero no tenemos.
En lugar de rechazarla o sentir culpa, podemos usarla como una brújula para entender nuestras aspiraciones y carencias.
¿Qué me está mostrando la envidia sobre mis propios deseos?
Envidia Buena o Envidia Mala
La envidia puede ser buena, cuando admiramos el éxito ajeno sin que eso nos impida celebrarlo.
Cuando reconocemos algo que nos gustaría tener, ser o experimentar; sin que aquello signifique que la otra persona en la que lo estamos viendo no se lo merezca. Es más bien una admiración acompañada de respeto.
Una especie de activación interna que nos vibra y puede estarnos señalando el camino hacia decisiones, objetivos o acciones futuras. Un faro o una brújula que puede guiarnos a conseguir cosas que tal vez no sabíamos que anhelábamos.
La envidia puede ser mala; Aparece cuando el éxito de otro/a nos genera resentimiento. En lugar de reconocer lo que nos falta, proyectamos la frustración criticando o minimizando a la otra persona para evitar asumir nuestra propia responsabilidad.
A veces, dentro de nosotros mismos/as, de inmediato somos capaces de captar su naturaleza. No por eso tenemos que empaquetarla y tratar de esconderla o suprimirla y pretender que nunca existió. Es posible incluso que una envidia que se inició como “mala” si la miramos a los ojos, la escuchamos con atención, podamos cambiarle el diálogo y hacerla mutar. Pero para que esto sea posible, en primer lugar tenemos que reconocer lo que estamos sintiendo, sin juzgarnos mal.
Meter la Envidia Mala debajo de la Alfombra
En el fondo, todos/as queremos ser buenas personas; Y tal vez por eso, al sentir algo que nos incomoda, nos hiere, nos escuece y hasta nos puede hacer pensar, hablar o tratar mal a aquella persona que nos está provocando esa sensación, nos avergonzamos y lo enterramos tan hondo como se pueda.
Aunque luego ese resentimiento venga de nuevo disfrazado a reclamar nuestra atención o alterar nuestros planes.
En esos casos, se puede volver aún más peligroso. En el sentido de que no será tan obvio que lo que estamos haciendo o diciendo es en realidad producto de la envidia mala que se quedó afilando los colmillos y las garras una temporada, para luego salir a flote.
Puede traernos consecuencias realmente inoportunas, mucho peores que las que temíamos cuando quisimos inocentemente quitarle fuerza y la tratamos de ignorar.
La envidia como herramienta de autoconocimiento
Hemos de dejar de ver la envidia solo como un sentimiento negativo y empezar a usarla como un indicador de nuestras aspiraciones.
Aprender a gestionarla con responsabilidad nos ayuda a crecer en lugar de estancarnos en la comparación.
La clave está en asumir la responsabilidad de nuestras emociones y enfocarnos en lo que podemos cambiar en nosotros mismos/as.
Ojo… tomando en cuenta nuestro contexto, situación, realidad. Adaptando y aceptando nuestras expectativas en cada paso del camino y sobre todo, observando y reconociendo nuestro progreso utilizando como referencia, solo a nosotros mismos/as, para no caer en la comparación y la frustración.
Y sabiendo que en realidad, esa envidia, bien gestionada, está permitiéndonos ejercer nuestra valentía, nuestra curiosidad y nuestros deseos de crecer y mejorar.
Así es como podemos utilizar la envidia, incluso la mala, para nuestro beneficio:
Claves para transformar la envidia en un motor de cambio
Observar sin juicio: En lugar de negarla, preguntarnos: ¿qué deseo realmente? ¿Qué me está mostrando esta emoción sobre lo que quiero para mí?
Tomar acción: Si la envidia me señala algo que quiero, ¿qué pasos puedo dar para acercarme a ello en lugar de quedarme solo en la comparación?
Cultivar el respeto y la gratitud: Aceptar que cada uno/a tiene su propio camino y que el éxito de los demás no invalida el nuestro.
Espero que te haya resultado interesante este tema y que por supuesto te haya hecho reflexionar.
Como siempre, la invitación está abierta… Si quieres explorar las motivaciones detrás de tus acciones y objetivos o si quieres que te acompañe a mirar debajo de la alfombra a ver qué te has dejado por ahí, puedes reservar tu sesión de valoración aquí.






