Las dos caras de la misma moneda – Polaridad Vs. Dualidad

Las dos caras de la misma moneda

El mundo es una sucesión de polaridades. Conocemos la noche porque conocemos el día, sabemos lo que es la alegría porque conocemos la tristeza, la enfermedad y la salud, y así hasta un sinfín de posibilidades.

Y es que, aunque el mundo es multicolor y lleno de matices, tenemos la tendencia a SIMPLIFICAR LA POLARIDAD, EN DUALIDAD: a clasificar todo rápidamente y sin detenernos mucho en los detalles. Esto responde, como muchas cosas que funcionan “en automático” dentro de nosotros. El tener una versión simplificada y una calificación, ya sea de la persona que tenemos enfrente o de la situación que se nos está planteando: Bueno – malo, grande – pequeño, amenazante – inofensivo… Nos ayuda a hacernos un panorama inmediato o a plantear una respuesta, pero más allá de esa respuesta que se puede archivar o desencadenar en un instante ¿realmente a largo plazo, nos sirve?

Evaluamos por defecto, en base a dualidad

Pues tal como lo usamos para evaluar la peligrosidad de una situación o de una persona desconocida, este mismo recurso nos lleva a los humanos, por costumbre, a definirnos con un solo aspecto dentro del amplio espectro que es en verdad nuestra personalidad. Nos creemos esa parte de nosotros como si fuera una totalidad cuando decimos por ejemplo: “soy tímido”, “soy buena persona”, “soy fuerte”… Esos conceptos sobre nosotros los usamos para darle una coherencia a nuestro comportamiento, necesitamos tener una sensación de estabilidad.

Recuerda, a nuestro cerebro no le gustan los cambios, porque le obligan a reevaluar nuestra seguridad de nuevo, pero eso no quiere decir que debamos dejar todo quieto, eso si ya está más que claro, ¿no?

El cambio es lo único constante en la vida. Pero se nos olvida con frecuencia y nos vamos quedando por temporadas, a veces demasiado largas, haciendo lo mismo y desempeñando el mismo rol… 

Nos cuesta ver más allá de la dualidad…

Jugando a ser como creemos que somos, invertimos una gran energía puesta al servicio de reprimir el opuesto. Pero, así como en la tierra existe el día, y por tanto la noche, también en nosotros como organismos vivos está el opuesto de lo que nos hemos contado que somos; susurrando, hablando o gritando para que no lo dejemos allí olvidado, oculto y sin reconocer.

Otra característica habitual de esta dinámica de ver/analizar en modo dualidad, es que juzgamos las polaridades como incompatibles. Por ejemplo, si me defino como “buena persona” o tolerante, no voy a admitir el más mínimo de “maldad” o actitud intolerante en mí. Es decir, “o soy bueno o soy malo”, “o soy tolerante o soy intolerante”.

De manera que nos “obligamos” a actuar igual, o bajo el mismo patrón, en todas las circunstancias. Y vale que este instinto seguramente nos ha venido funcionando durante la vida, probablemente incluso tuvimos que funcionar según nuestro concepto para adaptarnos al medio que nos tocó, pero al ser adultos nos damos cuenta que esas estrategias ya no nos valen. Toca cambiar la idea fija que tenemos de nosotros y probar a hacer las cosas de modo diferente.

Tenemos que vincularnos con otros, desarrollarnos y evolucionar. Nuestras aspiraciones y expectativas van mucho más lejos de solo sobrevivir, así que ya no podemos quedarnos en el evaluar y actuar desde los opuestos, la dualidad se nos queda corta y necesita una edición en nuestros procesos mentales.

El concepto de polaridad está asociado al de diferenciación, pero desde la UNIDAD. La realidad se manifiesta en forma de polaridades que se diferencian en tendencias opuestas, pero que forman partes complementarias de la misma realidad, ya que una no puede existir sin la otra y la exacerbación de una polaridad lleva a la aparición de la contraria, en un juego de contrapesos y sustituciones.

La noche y el día conforman un día completo, y el punto álgido de la noche supone el inicio del aparecer del día. Invierno y verano conforman un año (con sus estadios intermedios de primavera y otoño) y el punto álgido del invierno supone el inicio del advenimiento del verano y viceversa.

Desde esta perspectiva toda realidad está compuesta de un aspecto y su contrario: no existe dios sin diablo, luz sin oscuridad, calor sin frío, amor sin odio, masculino sin femenino ni alegría sin tristeza, por solo poner unos ejemplos.

Favorecer el enfoque desde la Polaridad

De esta manera, el concepto de polaridad nos aleja del concepto de dualidad y enriquece la comprensión de la realidad. La dualidad también reconoce que la realidad está compuesta por opuestos, pero los considera cerrados en sí mismos, exclusivos e irreconciliables.

La diferencia entre la dualidad y la polaridad es tan simple como una conjunción. Mientras que en la dualidad cualquier realidad es esto o lo otro, en la polaridad es esto y lo otro. El pensamiento dualista es separador, mientras que el pensamiento que podríamos llamar polarista es integrador. ¡Parece mentira que a lo largo de la historia, una simple conjunción nos haya dado a los seres humanos tantos quebraderos de cabeza!

A menudo en mis sesiones, recibo a personas que se sienten en conflicto con ellas mismas. Nos repetimos muchísimas veces los mismos discursos, se nos obliga o dirige a definirnos constantemente y en vez de pasar auditorías personales y evaluarnos cada vez; contestamos, aceptamos y reforzamos ese concepto con el que nos habíamos etiquetado, generalmente basado en la dualidad que hemos usado como perspectiva a lo largo de nuestras historias.

Forma parte del proceso de reencontrarse y redefinirse, el integrar y vivir en “ys” y ya no más en “os”. Es una baldosa en el camino hacia el autoconocimiento, la aceptación y el simplificarnos la relación con nosotros mismos, viviendo y fluctuando en todos los matices de lo que somos.

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