El Control

Vivimos en una cultura que nos dice que «querer es poder» y que todo obstáculo puede superarse con suficiente esfuerzo, determinación y fuerza de voluntad. 

Nos fascinan las historias de quienes lo logran contra todo pronóstico, sin ayuda, en una batalla solitaria contra las adversidades. 

Pero este ideal esconde una trampa peligrosa: nos empuja a tratar de controlar lo incontrolable, a maltratarnos con exigencias imposibles y siendo realistas… casi siempre nos llevará a caer en un ciclo de frustración, confusión, fracaso y auto maltrato.

La ilusión del Control 

Todos desearíamos que nuestras vidas fueran una consecuencia ordenada, controlada y proporcionada de las decisiones que tomamos, los deseos que tenemos y las ganas de que se hagan realidad.

Si tan solo con nuestra voluntad, todo a nuestro alrededor se transformara en lo que queremos que sea, todo sería distinto.

Viéndolo así, igual y parece ingenuo, ilógico y muy poco realista, ¿verdad?

Entonces ¿por qué muchas veces caemos en el bucle de pensar incesablemente,  PREocuparnos y querer cambiar tantas cosas sobre las que no tenemos ningún control?

A ver, que no hay nada de malo en planificar las cosas, o en prever y adelantarnos a los posibles imprevistos que puedan presentarse, pero en su justa medida. Porque no todo depende de nosotros/as, lo que queramos y hagamos. 

Son muchas más cosas las que no están en nuestra mano y que no seremos capaces de alterar o impedir porque sencillamente así lo queramos. Sin embargo, tenemos la tendencia a querer actuar sobre aquello que no podemos cambiar y descuidamos la parcela desde la que sí podemos decidir: Nosotros/as mismos/as.

La Trampa de la Autoexigencia

Nos han enseñado que si algo no sale como queremos, es porque no nos esforzamos lo suficiente. Nos convencemos de que podríamos haber hecho más, que fallamos por no haberlo intentado con más intensidad. 

Esta idea nos arrastra a una lucha constante contra la realidad, donde medimos nuestro valor personal según nuestra capacidad de forzar las cosas a nuestro favor.

Además nos impide ver o dar prioridad, a opciones realistas o a herramientas que podrían ayudarnos a conseguir mejores resultados; Como podrían ser por ejemplo delegar, hacer análisis de nuestras preferencias y objetivos para enfocar nuestra energía haciendo lo que sí es posible sobre aquello que más nos interesa, o trabajar en equipo.

Ganar Perdiendo: Cuando Soltar es la Mejor Opción

¿Cuánta energía hemos gastado alguna vez, tratando de cambiar lo incambiable?

¿Cuánto agotamiento hemos acumulado por tratar de estar adelantarnos a todo lo que pueda salir mal, dibujandonos un mapa mental de todo lo que posiblemente pueda desencadenarse desde ahí para intentar saber cómo reaccionar o qué hacer luego?

¿Cómo vivo después, cuando las cosas no salen como quería… pero traté de controlarlo hasta último momento? ¿Me machaco pensando (y engañándome) diciéndome que todo dependía de mí y que la próxima vez, si de verdad lo quiero lo suficiente y pongo todo mi esfuerzo y me voluntad, si lograré que todo sea como quiero?

¿Y si soltar fuera la verdadera victoria?

Intentar controlar lo incontrolable es como lavar piedras de sal en el río: un esfuerzo desgastante que solo conduce a la pérdida. Lo paradójico es que, en muchas ocasiones, soltando es cuando realmente ganamos. Al dejar ir el deseo de controlar lo externo, recuperamos nuestra energía para enfocarnos en lo que sí podemos gestionar: nuestras respuestas, nuestras decisiones, nuestra capacidad de adaptación.

Aceptar que hay cosas fuera de nuestro control no es rendirse, sino tomar una postura más realista y amable con nosotros/as mismos/as. Nos libera de una presión innecesaria y nos permite actuar desde la claridad, en lugar de desde el desgaste.

El Impacto del Control en Nuestro Cuerpo y Mente

El afán de controlarlo todo genera un estado de estrés constante. La química interna cambia: el cortisol y la adrenalina se disparan, generando tensión, fatiga, ansiedad y una sensación de amenaza permanente. Con el tiempo, esto no solo afecta nuestro bienestar emocional, sino también nuestra salud física: problemas digestivos, insomnio, dolores musculares y un sistema inmune debilitado.

Pero no solo eso. Cuando estamos atrapados en este estado de hipercontrol, tomamos peores decisiones. Desde la tensión y el agotamiento, nuestra capacidad de evaluar opciones se reduce.

Aprender a Soltar: Un Acto de Inteligencia Emocional

Soltar no es pasividad ni resignación; es elegir dónde poner nuestra energía de manera más efectiva. Implica confiar en los procesos, aceptar la incertidumbre y permitirnos fluir con la realidad en lugar de intentar doblegarla.

Al aprender a soltar, reducimos la carga mental y física del estrés, ganamos claridad y nos abrimos a tomar decisiones más conscientes y alineadas con nuestras verdaderas necesidades.

Aceptar lo que no podemos controlar es un acto de sensatez y sabiduría. Nos devuelve el poder real: el de decidir cómo queremos vivir, sin aferrarnos a una lucha que solo nos desgasta.

¿Te has sentido identificado/a en este tema? ¿Sientes que a veces querer controlar cosas, te impide disfrutar más de la vida? No olvides que aquí me tienes, si deseas iniciar o retomar tu proceso terapéutico, puedes reservar una sesión de valoración aquí.

Recuerda… Soltar no es perder. Es ganar libertad.

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En resumen… Aprender más de ti para vivir mejor.

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