«Estoy bien, no pasa nada»

Estoy Bien no Pasa Nada

Las mentiras que nos contamos para evitar sentir o mostrar vulnerabilidad.

¿Cuántas veces has dicho «estoy bien» cuando por dentro todo estabas hecho(a) un caos? ¿Cuántas veces has respondido «no pasa nada» cuando en realidad pasa de todo?

Estas frases, que usamos, las decimos casi como un reflejo, son pequeñas mentiras. Mentiras cotidianas, sutiles, aceptadas socialmente, pero que cumplen una función muy clara: evitar la vulnerabilidad. Pero también nos desconectan de nosotros mismos/as y de los demás.

Estemos claros, no vamos a ir contándole los detalles más íntimos de nuestra vida a cualquiera que nos pregunte ¿cómo estás? Eso sería muy incómodo para quienes cuentan y para quienes escuchan. 

Pero te has dado cuenta de cómo esta misma respuesta se la damos a nuestra gente más querida y más cercana, que se interesan por nuestro estado emocional, probablemente pueden hacer algo para ayudarnos o sostenernos y muchas veces también nos lo decimos a nosotros mismos

¿Por qué lo hacemos?

No lo hacemos con mala intención y la mayoría de las veces ni siquiera lo pensamos, Es un reflejo, o una respuesta comúnmente emitida y aceptada. 

Decir «estoy bien» cuando no lo estamos, puede ser una forma de protegernos del juicio ajeno, de evitar mostrar fragilidad, o de no tener que entrar en contacto con emociones que no sabemos cómo gestionar. 

Es una manera de sostener una imagen: la de la persona que siempre puede con todo, que no se tambalea, que tiene el control. Pero también es una manera de disociarse y negarnos a lo que sea que esté pasando en nuestra vida, quitarle hierro, porque sencillamente “podría ser peor” y tal vez no queremos detenernos a pensar en realidad, en cómo nos sentimos. No vaya a ser que esos sentimientos nos agobien, nos alteren la rutina o nos quieran hacer tomar alguna acción. Ya sabes… nuestra falsa autoprotección de siempre.

En muchos casos, aprendimos desde pequeños que mostrar tristeza, rabia o miedo no era bien recibido. Entonces, fuimos encapsulando esas emociones con frases anestesiantes, que nos permiten seguir funcionando en automático: «todo está bien», «ya pasará», «no es para tanto», «hay gente que lo esta pasando peor». Nos desconectamos de lo que sentimos para poder seguir adelante. Pero ¿a qué precio?

Las consecuencias de evitar la vulnerabilidad

Cuando evitamos la vulnerabilidad, también evitamos el contacto real. Con nosotros/as mismos/as y con los demás.

Negar lo que sentimos nos hace vivir desconectados de nuestra experiencia presente. Se genera una distancia interna entre lo que nos pasa y lo que nos permitimos reconocer. Esa distancia se convierte, con el tiempo, en ansiedad, en síntomas físicos, en relaciones vacías, en una sensación persistente de no estar del todo vivos/as.

Nos hace muchas veces seguir adelante con vínculos, trabajos o situaciones, que tal vez podríamos haber elegido cambiar; pero que poco a poco vamos normalizando, tolerando y aceptando, hasta que podamos volver la mirada y reconocerlas/os. 

Cuando nos contamos las mismas mentiras una y otra vez, no nos permitimos cambiar. Porque no podemos transformar lo que no reconocemos. Seguimos atrapados en el mismo lugar emocional, repitiendo los mismos patrones y obteniendo, claro, los mismos resultados.

Además hay algunos inconvenientes agregados de mantener la armadura siempre puesta… y es que:

Quien te ha preguntado, piensa que genuinamente estás bien así que no indaga, y si podía ayudarte de algún modo no lo hará.

Y a quien siempre le contestas “estoy bien” normalmente responderá de la misma manera, y si en realidad necesita ayuda o tu estás en posición de dársela, no solamente no podrás brindársela, sino que cuando “le pasen cosas” no va a buscarte para hablarlo. 

Esto puede generar distancia con tus personas queridas, pero sobre todo, crea un patrón imborrable en los hijos o personas a las que cuidas. Aprenden a acorazarse, tomándonos como referencia y esto no solo les daña a ellos y a sus dinámicas futuras sino que también afecta al vínculo que tenemos con ellos/as. 

¿Cómo empezar a cambiar?

No se trata de dejar de protegernos de un día para otro. Se trata de hacer pequeños movimientos hacia la verdad interna. Acercarnos a lo que sentimos con curiosidad, sin juicio. Aquí algunas claves para comenzar:

1. Haz contacto con tu experiencia presente

Haz una pausa. Respira. Pregúntate con honestidad: ¿qué estoy sintiendo ahora? No lo que deberías sentir. Lo que realmente está ocurriendo en ti.

2. Dale nombre a tu emoción

Ponerle nombre a lo que sentimos es el primer paso para integrarlo. «Estoy triste», «me siento frustrado», «siento miedo». Nombrar es reconocer.

Llevar un pequeño diario. No necesariamente escrito, hay quien utiliza colores para marcar sus emociones y solo deja una marquita en su agenda al final del día. Aunque no lo creas, esa pequeña acción de seleccionar un color para reconocer que ese día me he sentido de esta manera, es un gran paso en la comunicación contigo mismo(a)

3. Observa las frases automáticas

Cuando digas «estoy bien», detente un momento. Pregúntate: ¿lo estoy realmente? ¿o estoy evitando algo? Observa con amabilidad, sin presionarte a cambiar, solo notando.

4. Permítete compartir desde la verdad

Abrirte a otros/as desde la vulnerabilidad puede dar miedo, pero también es el camino hacia una conexión más auténtica. No tienes que contarlo todo. Basta con empezar a compartir pequeñas verdades. «No estoy del todo bien, pero no sé aún qué me pasa.» Eso también es válido.

Recuerda que permitirte ser vulnerable, le deja saber a esa otra persona que confías en ella y abre la puerta de la reciprocidad. Permitiendo que esa relación se haga más auténtica y rica en un futuro.

5. Busca apoyo si lo necesitas

A veces necesitamos un espacio seguro para empezar a ser sinceros con nosotros/as mismos/as. Un proceso terapéutico puede ser ese lugar. Mereces habitar tu vida con más presencia, libertad y honestidad.

Si el proceso terapéutico es tu elección… estoy aquí para tí y puedes reservar tu sesión de descubrimiento aquí. 

La vulnerabilidad no es debilidad. Es el puente hacia una vida más auténtica.

Empezar a decir la verdad —aunque sea en voz baja y solo para ti— puede ser el primer paso para salir del piloto automático, recuperar tu sentir y transformar tu forma de vivir.

Porque cuando te permites sentir, también te permites cambiar.

Suscríbete para:

1. Tener más conocimiento y descubrir nuevas formas para cuidarte unificando tu mundo exterior con tu mundo interior.


2. Encontrar nuevas maneras de entender lo que estás viviendo y saber cómo desbloquearlo.


3. Saber por qué nos quedamos atascados/as y descifrar cómo deshacer programas que ya no necesitas impulsando tu potencial.

En resumen… Aprender más de ti para vivir mejor.

Comparte

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest
Telegram
WhatsApp